Historia de la Virgen de Caacupé: una devoción que nació en la guerra

    La figura original de la Virgen de Caacupé nace a partir de un milagro que puso a salvo al indio José allá por 1600, pero la devoción se extiende recién 300 años después, a través de uno de los conflictos que marcó a Paraguay: la Guerra del Chaco. En esta nota te contamos cómo influyó aquella contienda en el fervor mariano.

    Durante la Guerra de la Triple Alianza, la devoción a la Virgen de Caacupé no tenía mucha fuerza. Recién al término de la lucha armada comenzó a extenderse gracias a la figura del sacerdote Fidel Maíz (cordillerano), quien tuvo una participación muy polémica en la Guerra Grande. Sin embargo, se la veneraba solo en esa zona: Cordillera y algunas localidades cercanas, según explica el historiador Fabián Chamorro.

    Años después, en la Guerra del Chaco, la figura de la Virgen de Caacupé se potenció y llegó a todos los rincones del país; ayudó el hecho de que los combatientes ya tenían una fe especial en la Virgen María. “María Auxiliadora fue nombrada Patrona de los Ejércitos (en la Guerra del Chaco). Los soldados, antes de subir al barco que los llevara al Chaco, recibían una medallita de María Auxiliadora, 70.000 se llegaron a entregar durante toda la contienda. Su figura seguía teniendo más importancia que la de Caacupé”, relató Chamorro a Paraguayología.

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    En ese entonces, muchos comandantes paraguayos eran de Cordillera, como el caso de Gaudioso Núñez (de Caacupé), el mariscal José Félix Estigarribia (de Caraguatay) y el propio presidente de la República, Eusebio Ayala (de Barrero Grande). Todos ellos eran devotos de la Virgen de Caacupé y llevaron ese fervor al campo de batalla, donde los soldados conocieron su figura y comenzaron a rezarle.

    Tropa paraguaya en Punta Rieles (a unos 60 kilómetros de la actual Loma Plata), durante la guerra del Chaco.

    Una victoria dedicada a la Virgen

    En el Chaco toma preponderancia la Virgen de Caacupé, en dos batallas muy importantes: la Batalla de Campo Vía, que fue la más importante que ganó en toda su historia el Ejército Paraguayo, y la Batalla de Yrendagüé.

    La victoria de Campo Vía tuvo lugar el 11 de diciembre, pero los movimientos de tropa se habían iniciado ya unos días antes; muchos dedicaron esa victoria a la Virgen de Caacupé.

    Padre Fidel Maiz, uno de los impulsores de la devoción a la Virgen de Caacupé.

    “El hecho que sí ocurrió el 8 de diciembre, un año después, en 1934, fue la toma de Yrendagüé, una victoria muy grande también para el Ejército Paraguayo que significó la muerte por sed de miles de combatientes bolivianos. Uno de los pozos principales de Yrendagué fue bautizado como Virgen de Caacupé, justamente porque los combatientes le recordaron en esa victoria”, explicó Chamorro.

    La aparición de la radio

    Otro acontecimiento que ayudó a extender la devoción mariana fue la aparición del aparato de radio. La Segunda Guerra Mundial fue un hecho que la gente vivió desde su casa, con las radios. Cada hogar comenzó a tener una radio y a través de ella se potenció la celebración de la Inmaculada Concepción de María, que se festeja el 8 de diciembre. Así es como la devoción a la Virgen de Caacupé se vuelve nacional.

    Fueron esos dos hechos principales, la Guerra del Chaco y la aparición de las radios en los hogares paraguayos, que ayudaron a que todo el Paraguay conociera sobre los milagros de la Virgen cordillerana. Pero lo que aportó emotividad a cada uno de los sucesos fue una canción que se hizo muy popular en la época: Tupãsy Caacupépe, letra de Félix Fernández.

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    La canción hace referencia a la conmovedora historia de una mamá que le reza a la Virgen de Caacupé pidiéndole que su hijo regrese de la Guerra del Chaco. Esta composición era casi como un himno al soldado que iba a la guerra y a su mamá, que quedaba esperándolo. Aunque actualmente algunos músicos la siguen entonando, con el tiempo la canción fue olvidándose.

    Tupãsy Caacupépe

    Che diosa che Tupãsy la Virgen Ka’akupe

    Eñantende cherehe porque nde avei ko sy

    Erekóva ne memby omanóva kurusúre

    Yvypóra ohayhúre rejajáiva Tupãsy.

    II

    Pynandi che vallemígui amoî che akâ hoja

    Ha che sy che rovasa ne rendápe ko ajumi

    Aipota re jesaupi porque che avei ko sy

    Arekóva che memby Chaco pyre gueteri.

    III

    El clarín ipuvove de esta patria paraguaya

    Ndajuhúi va’ekue nde laja promesa ndéve adeve

    Porque ógagui oveve che memby kuimba’emi

    Oñepresenta oservi ipatria odefende.

    IV

    Tupãsy che mandu’a guyramíma ko oñe’ê

    pe lunes pyhareve che memby pako opu’â

    hatâite che añua che jopymi ijehe

    ha che apysápe oñe’ê ja ahama ko mamá.

    V

    Ndajuvéiro sapy’a che mbokuarô boliviano

    ku michivéva che hermano topyta che rekovia

    ne mo maitei hara imitâramo jepe

    taenkargamandi chupe ndajuvéi ramo guarâ.

    VI

    Iretengui akokuehe oescribi cheve ipaha

    Oiko porâitente ha icarta pe omyenyhê

    Techaga’u mante je ipy’are ojapokói

    Pero ikatúnte vokoi Tupâsyre rojere.

    Música: DIOSNEL CHASE

    Letra: FÉLIX FERNÁNDEZ

    https://www.youtube.com/watch?v=9pOJuqERw-0&fbclid=IwAR1OwZO7rwi6N_acWKS7HG0RWIcO5HWJdsYiogacTZhbo_68ZRW19mTkh-g

    Oración a la Virgen de Caacupé. Además, aquí podés leer la historia de cuando los militares brasileños le robaron su corona durante la Triple Alianza: http://bit.ly/3h35M19

    Gabriela Báez

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